En un momento en que la RSE (Responsabilidad Social Empresarial) está en el centro de las estrategias, cada acción de una organización es cada vez más analizada según su impacto ecológico. Si bien solemos pensar de forma espontánea en el transporte de mercancías o en el consumo energético de las oficinas, la formación —una actividad clave y estructurante— sigue siendo a menudo un ángulo muerto en este análisis. Intuitivamente se asume que la formación digital es más “verde” que la presencial. Pero ¿es siempre así? ¿En qué proporciones? Y, sobre todo, ¿cómo medirlo de forma concreta?

Este artículo propone una metodología clara para analizar y comparar la huella de carbono de estas dos modalidades, con el fin de ayudarte a tomar decisiones informadas y a construir una estrategia de formación más sostenible.

Ver también: ¿Cómo incluir competencias en desarrollo sostenible en tus formaciones?

Anatomía de la huella de carbono de una formación presencial

Para comprender el impacto del modelo tradicional, es necesario desglosar sus principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero. Sin sorpresa, el factor más importante es, con diferencia, el transporte de participantes y formadores. En una sesión de varios días, los desplazamientos en coche, tren o avión pueden representar más del 80 % de la huella de carbono total del evento. Un cálculo sencillo (número de participantes × distancia media × factor de emisión del medio de transporte) permite dimensionar rápidamente la magnitud de este impacto.

A continuación, aparece el consumo energético de los espacios. Calentar o climatizar una sala de formación, iluminarla durante varias horas y alimentar equipos como proyectores y ordenadores tiene un coste energético directo que no debe subestimarse. Por último, está el impacto de los consumibles y la logística: la producción e impresión de materiales en papel, la organización de comidas y pausas café (producción de alimentos, transporte, gestión de residuos) y el uso de material pedagógico de un solo uso.

La huella de carbono “oculta” de la formación digital

La idea de que lo digital es inmaterial es una ilusión. La formación digital tiene su propia huella, a menudo denominada “contaminación digital”, que es esencial comprender. El primer foco de impacto está relacionado con la fabricación y el uso de los dispositivos. La producción de un ordenador portátil o un smartphone tiene una huella de carbono significativa, que luego se “amortiza” a lo largo de su vida útil y se reparte entre sus distintos usos (profesional, personal, formación, etc.).

El segundo foco —y el más importante en términos de consumo continuo— es el de los centros de datos y las redes. Cada módulo de e-learning que alojas, cada vídeo que transmites en streaming durante una clase virtual, utiliza servidores que consumen enormes cantidades de electricidad para funcionar y refrigerarse. La transferencia de estos datos a través de las infraestructuras de red también es muy intensiva en energía. Por ello, es clave considerar el “peso” de los contenidos: una formación asíncrona basada en PDF y foros es mucho más sobria que un itinerario compuesto íntegramente por vídeos en alta definición.

El duelo: presencial vs. digital, ¿quién gana en el plano ecológico?

Entonces, una vez considerados todos estos elementos, ¿cuál es el veredicto? En la gran mayoría de los casos, la formación digital mantiene una clara ventaja ecológica frente a su equivalente presencial. La reducción drástica —o incluso la eliminación total— del impacto del transporte inclina la balanza de forma decisiva. No obstante, la magnitud de esta ventaja depende de varios factores.

La distancia de desplazamiento es el criterio número uno: cuanto más lejos provengan los participantes, mayor es la ventaja del formato digital. El tipo de contenido digital también desempeña un papel clave: una formación de varios días en videoconferencia continua con muchos participantes será lógicamente más impactante que un recorrido asíncrono y sobrio. Para mayor claridad, aquí tienes un resumen de los principales focos de emisiones:

Principales focos de emisiones de carbono

  • Formación presencial
    1. Transporte de los participantes
    2. Consumo energético del lugar
    3. Consumibles (papel, comidas)
  • Formación digital
    1. Uso de los dispositivos
    2. Consumo de centros de datos y redes
    3. Fabricación de los dispositivos

¿Cómo reducir la huella de carbono de tus formaciones? (Guía práctica)

Reducir el impacto ecológico es posible en ambas modalidades.

Para optimizar tus formaciones presenciales, la prioridad es elegir lugares bien conectados por transporte público para limitar el uso del coche. Implementar una política de “cero papel” es también un palanca clave. Al utilizar herramientas digitales para difundir los materiales y, sobre todo, para la firma y el registro de asistencia digitales, se elimina un desperdicio considerable.

Para optimizar tus formaciones digitales e inscribirte en una estrategia de Green IT, el primer paso es la ecodiseño pedagógico. Crea contenidos más ligeros: comprime los vídeos, prioriza formatos de audio cuando la imagen no sea indispensable y evita módulos innecesariamente pesados.

También puedes sensibilizar a los participantes sobre buenas prácticas, como apagar la cámara en videoconferencias si no intervienen. Por último, es importante elegir proveedores tecnológicos comprometidos, capaces de demostrar la optimización energética de sus centros de datos y su propia política ambiental.

Conclusión: hacia un enfoque de formación eco-responsable

Medir la huella de carbono de la formación es el primer paso indispensable para poder reducirla de forma eficaz. Si bien la formación digital se presenta como una palanca poderosa para construir una estrategia más sostenible, no es una solución milagrosa y debe pensarse desde una lógica de sobriedad digital. El reto ya no es oponer estérilmente lo presencial y lo digital, sino elegir la modalidad más pertinente para cada necesidad pedagógica y optimizarla desde el punto de vista ecológico. Al apoyarte en herramientas digitales que fomentan la sobriedad, como las que permiten el cero papel, das un primer paso concreto y medible para reducir el impacto ecológico de todas tus formaciones.